El secreto del tigre blanco


TRIPLOV.COM MATÉRIKA SURREALISTA
FERNANDO CUARTAS (POESÍA) & JOHN WELSON (ARTES PLÁSTICAS)


 

LA ÓPERA DE LAS BICICLETAS…

La lengua en flama, el incendio de oriente, las notas húmedas, es un mar de ojos con radios y ensambles que se mueven por una partitura que hace lamentos y susurra vidrios.  Golpea  el arco, lanza lágrimas, esgrime cartas dobladas, alcanza secretos sobre las olas que deja el pavimento mojado por la lluvia del acero líquido. Unos por aquí, otros por allá, nadie se toca, todo circula, el bonete del obispo puesto en la cabeza de un ateo, la gorra frigia en la balaustrada de un carcelero.  Los nipones hablan girando el sol, los fenicios navegan en una farola ahumada, los griegos hacen el bucle para lanzar la jabalina mientras piensan en la certeza del ser. Los franceses salen con la guillotina a dar el tour de France, mientras Ciorán sueña en los cementerios recostado sobre un montículo de dudas. Salen las voces agitadas, lanzan vítores a los ciclopes, se ven a lo lejos la silueta de Kant con su reloj preciso, marcando la hora del  té de los pietistas, mientras Soren Kierkegaard, deshojando el diario de un seductor mientras pasa el judío errante buscando la decepción. Vuelan los ciclos de la historia, se caen, se estrellan, se volatizan la sangre de los corredores de bolsa, se riega el aceite negro de la tierra del desierto, se muelen luces sobre las autopistas virtuales, todo gira, es la ópera de las bicicletas. Noé ya no está ebrio, Eros está desnudo sobre un cubilete de tormentas, Adán es negro y la primera Eva está enterrada sobre las cenizas de un árbol africano. Todo gira, todo gira, es la opera de las bicicletas….Las muchachas de Aviñón están acostadas en una calle de Guernica, los ratones de Hamelin buscan queso y pan en la casa de un alcalde, mientras los niños hacen pedazos la roca que los había escondido y sacan el oro y el morro de una cantina de escoceses que se han hecho piratas en las islas del Nunca Jamás. Todo gira, todo gira, es la opera de las bicicletas…una campesina acaba de parir a Stalin y una vieja loca es buscada por que pretendió el trono de San Pedro, todo gira, todo gira, todo gira, es la opera de las bicicletas… El bigote de Hitler es confundido con el de Chaplin, las barbas de papá Noel se parecen a la pelambre de Gaston Bachelard, son los ojos, son los ojos, todo rueda, todo rueda, es la opera de las bicicletas. Peinada, despeinada, rueda Manuela, rueda que rueda la piel de canela, ruedan los números cargados de azúcar para el ferrocarril, ruedan las penas, ruedan las riquezas, todo rueda, todo rueda, es la opera de las bicicletas.

Del  caballo de ruedas a la bicicleta  de Macmillan, entre herreros y alquimistas, entre el yunque y las  piedras, las bicicletas hablan, estremecen, son las máquinas personales del desplazamiento, biciclo, el otro ciclo, la era nova,  todo gira, todo gira, es la opera de las bicicletas.

Ya no hay noria, ya no hay rueca, ya no hay la rueda  de fortuna, ya no hay la chicago rueda, hay un giro más , hay un giro más, es la opera de las bicicletas.

 

EL SECRETO DEL TIGRE BLANCO

Solo salen de los sueños y se acomodan en las selváticas fronteras del desorden, hacen silencio y caminan entre los laberintos del deseo, el secreto de los tigres blancos está en su presencia íntima, armonía de aurora con gotas de gato del anochecer, mito que camina, ángel en piel de fiera y majestad en rugido que nos devuelve a la condición salvaje.

 

LA TIERRA QUE ESTÁS PISANDO

Todos somos  árbol, hierba y montaña, pasan por encima nubes dibujadas por el viento, haciendo historias de aire, como plantas móviles donde clorofila y pensamiento se destilan subiendo por la tierra que tocamos, hasta ver la sonrisa como flor de labios hecha de sol y de sombras, Todos somos agro, somos simiente y somos cultivo, algo de belleza extraña sale de la tierra donde estás pisando.

 

CARTA DESDE CALCUTA

Esta extraña ciudad entre fría y tropical, seca y áspera, movida con el hambre y con la historia de las conquistas británicas, cosa de locos estar en este sitio. La capital de las Bengalas, la enferma capital de la teresa de Calcuta y sus riquezas escondidas y sus oraciones de huracán. Hoy aquí, enfermo y deprimido, como poco, gozo casi nada, estoy desesperado… aquí plátano, loras, andariegos desapastrostos, las caras tiznadas de los ritos, las serpientes mendigando por  las calles, las vacas sueltas como señoras elegantes que entran y salen de almacenes y de iglesias. Y tu imagen desdeñosa, casi invisible en medio de esta lluvia torrencial que cae, aunque no amaine el calor ni deje  respirar. Aquí hay humedales en todas partes, lágrimas y escozor, algo de magia y mucho de espiritualidad en medio de los cuencos vacíos del arroz. No veo a nadie parecido a ti, sólo una que otra risa infantil con tinte de absorberlo todo; una que otra mujer con rostro duro y  a la vez tierno; uno que otro ser con ojos color miel y una furia contenida y una risa capaz de quebrar el universo en dos, lo demás nada que se te parezca a ti. Me marcho enfermo y algo derrotado, sigo escribiendo para el sur, para occidente, para el norte, sigo escribiendo para no dejar de temblar ante el azar. Me despido, abrazos. Algún día escribirás desde otro lejano lugar de este planeta azul como las naranjas que se pudren al sol.

 

DESDE PATAGONIA CARTA A MIRLUZA

Soy una vez más un ser austral, me he embarcado hacia la misma cruz de Magallanes. Cada vez más al sur, insípido, blanco de sueños, con los ojos rojos de dormir poco y siente frió hasta en el cerebro. La cabeza fría decían pensaba más, eso no es cierto del todo, siento nieve mental, esa blancura exacta que espanta y arrebata. El frío se  va tragando hasta las palabras, hasta  estar en un estado casi de crisálida mental, poca acción, las metáforas que salen son lastres de condensación y humo en la boca. La parquedad es la reina del frio. Nada de parloteos festivos tropicales, nada de ciencias especulativas, lo preciso, lo puntual. Ver ese mar con cascos de vidrio gigantescos, esa formación de acantilados y barreras naturales, pasos estrechos y magulladuras en los barcos, depresiones sin límite, soledad casi mística, desolación entre manatíes y yermas piedras calcinadas por los siglos, no deja de volver nuestra existencia en estos sitios algo más taciturno y medroso con las voces. Ahora que te evoco pienso en tu sus silencios anteriores, en esa desdeñosa parquedad de tus líneas, en lo poco que entendía tu frío personal, tu neblina o tu encierro. Veo desde mi memoria lejanías pero aciertos, mesura y tranquilidad sin límites, juego entre olas crispadas con los días, un crescendo operático que es música de  almas en fuga ya de regreso después de haber dado la vuelta al mundo del absurdo o lo invisible. Así regreso poco a poco a mi estado natural, pero para dar soltura a mi imaginación he de procúrame una dosis de tus palabras cautas y sinceras.

Sin más se despide este viajero de mundos imaginarios.

 

CARTA DESDE SIAM, HOY TAILANDIA

El elefante blanco sabe que los gatos son sus más cercanos, no por parecidos, sino por enigmáticos.

La laguna ha crecido con todos sus olvidos la memoria de los días es tratar de ver el tigre azul y el elefante blanco como si todo fuera un estado de dormido en una nube roja. Pero el gato negro, no señores, el gato negro siempre ha estado ahí, pero si no es vilipendiado y perseguido es caso un olvidado. Sólo la audacia de un elefante que sabe de siglos de templanza, conoce el valor de esos maullidos.  En la antigua Siam, venden una nube con patas, se pasea nívea por los palacios en ruinas, es un elefante blanco, un asombro costoso, una iluminación sagrada, un templo que anda. Allí tampoco te vi, sólo la alta ceremonia, el segundo del rey, la dama hechicera sobre los balcones del lomo. Me despido de Siam, como una sombra blanca que ha pasado con su cargamento de flores y un amor en derrota.

 

EL TOLEDO DEL GRECO

La noche presagia viento y tempestad furiosa. Nubes cargadas de pavor arrastran mi existencia hacia la oscuridad que llama. Es Toledo. Vanos castilletes y una catedral se ven tímidos ante las fuerzas que lo azotan todo. Un camino hacia un puente por donde arrieros derrotados y cansados pretenden llegar entre las sombras. Las oscuras aguas del río y el breve verde que aún alcanza a percibirse dan más espesor a los temores. Mis ojos me llevan  a caminar entre los árboles. La noche  imperiosa nos llena el paisaje. Esa Toledo que yo evoco, es la noche misma de mi catecismo del desarraigo. Es el muro y la piedra de todo tipo de holocausto. Es una fe por el agua y por la hierba. Entre las sombras esta un vagabundo que quiere huir de la dolorosa lluvia. Se agrieta el mundo, el cielo se rompe en mil pedazos. Un amor por las mujeres que sabían conocer en el áspero paisaje las hojas del brevo y la encina del deseo, parece que se posara en las orillas de las serenas aguas. Hijas de la oscuridad, más que de la catedral con su alfiler al cielo, ellas reclaman en noches como estas, a los transeúntes libres, a los seres que se escapan del delirio del miedo y de la muerte. Ellas viajan por el río en noches como estas. Las delirantes hijas de la lluvia, derraman sus lágrimas y sus cantos en nuestro rostro cuando nos asomamos a un cuadro así de contundente.

Ya no hay más que una ciudad, una horrida ciudad que llevamos dentro y que las hijas del agua la pueden entregar lavada entre las hierbas que cantan y el licor de sus sueños.

 

SAN SEBASTIÁN DE LOS CAMINOS

La nube negra se ha estabilizado sobre la atmósfera, queda poco por añadir a ese abecedario de aguas y silencios…una piedra anida en mi memoria, es la misma arena que sacude mis sueños. Hoy quisiera llamarme sólo Sebastián, lleno de flechas y amarrado al poste mártir, qué más da…por prudentes nos hemos detenido en el umbral, por acelerados hemos cometido el abandono, volver al equilibrio sería una nostalgia…un azul casi oscuro se prepara, es la nube que ciega nos levanta cada amanecer, el resto es ese cristal que empañado nos sirve de soporte para ver. Atado a los caminos, acto rebelde de salvar el cielo terrenal, las piedras que han pisado tantos andariegos y las huellas de miles de animales que han tocado el suelo. Sebastián flechado, herido como guerrero santo, atado una tarde lluviosa sobre las losas de cemento que van cubriendo poco a poco nuestra historia.

 

LOS FELINOS TEDIOS DE BIZANCIO

El coro no apacigua en medio del inferno, el sol tostado virgen sale mudo a la hora del crepúsculo. Los felinos tedios avanzan gatubelos sobre la alfombra de pólvora, cantan los ángeles  la desesperanzada condición de huérfanos, la madre sombra se asoma por las páginas de un grito, todo se incendia, la paloma hace de homenaje celebrando la desaparición del miedo. La dama blanca, pipa en boca, se fuma el atardecer y la mujer negra se parece con los primeros toques del anochecer.  Trompetillas para oír hacia el interior de cada ser, fáusticas doncellas abren sus pechos entre sus pieles de armiño y ocres de Bizancio, allí vive Leonora, recién salida de un castillo puritano y necio, sale con el sexo abierto como rosacruz fémina, ella habita la casa perfumada de la consagración de la salamandra. Allá a lo lejos hay un surtidor de rayos que purifican todo acto de libertad con el sello inconfundible de los seres que ven en  el fondo de la tierra un cielo y un clavel.

 

BILBAO

Yo que tan solo he sido un gato, un simple gato entre libros y neblinas, entre los diálogos con las sombras y los pormenores de la risa, yo gato que maúlla poemas en rincones de mi casa; gato de los aciertos y de los desconciertos, gato silvestre en medio de una ciudad que nos acosa y mata…añoro esos bosques donde se vive entre las ramas de los árboles y lejos de un cojín doméstico. Ahora que veo el titanio ya doblado y las ferrerías lejanas de los Guggenheim, el secreto de todo lo medido, estará en un museo custodiado por un gato, como lo soñaría Jeff Koons.  Oh, Bil-ibaia-Bao, la gran pila donde tuve que llorar mis bosques, el vaho exaltado de los mineros, la ría del Nervión, donde nunca pude mojar mis blandas patas. Todo se ha convertido en alegorías donde óxidos y lágrimas se han juntado, una avenida sola sin esa voz de la mujer oscura, sin el maullido del gato en el tejado y con dos lobos tratando de escalar las catedrales. Oh, Cantábrica región donde todos los cojines son mis nubes, hasta las cordilleras de Zamudio, Baracaldo y Arrigorriaga.

Tanto nombres fuertes ese maullido euskera que quedará por siempre metido entre mi mente. Una mujer que rompió todas las sillas, que no hablaba el idioma de los pájaros pero me entendí con ella, con esa emakume ederra, sigilosa como felina aparición entre los parques.


Fernando Cuartas (Colombia, Medellín, 1958). 
John Welson (Reino Unido, 1947).


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