Pulsaciones

GUSTAVO MARCELO GALLIANO


Gustavo Marcelo GALLIANO. Escritor, poeta, gestor cultural. Docente Universitario de la UNR. Reside en Rosario, Santa Fe, República Argentina. Se ha desempeña como Corresponsal Especial de  revistas internacionales de Arte y Literatura, tales como Cañ@santa (Toronto, Canadá), Sinalefa (New York, USA), ViceVersa (New York, USA), Resonancias.Org (París , Francia);  y Columnista Literario de cultura y arte en RMC (Florida, USA), y Colaborador habitual en diversas revistas de Austria, Suecia, Bulgaria, Rumania, Serbia, Nueva Zelanda, Holanda, España, México, etc.; Integra la Red de Escritores en Español (REMES), Poetas de Mundo, UHE, la Fundación César Égido Serrano, Ave Viajera y Semillas de Juventud, entre otras. Ha obtenido distinciones y premios en certámenes y concursos internacionales de Cuentos, narrativa, micro relato y poesía. Sus escritos han sido seleccionados y publicados en prestigiosas revistas de más de 120 países y antologías literarias internacionales, traduciéndose al inglés, italiano, francés, búlgaro, rumano y portugués. “LA CITA” (Ed. Aries, Bs. As., Argentina, 2008/9), fue su primer libro de narrativa breve, ha obtenido excelentes críticas por parte de críticos, escritores y lectores en general. En el libro “5 AUTORES”, sus cuentos llegan a un realce notable. También ha participado de numerosas antologías y libros especiales (Entre ellos el “Libro de la Paz”, de la Fundación César Égido Serrano y el Museo de la Palabra, en Toledo, España). Actualmente posee inéditos su poemario “Ocultos tras la bruma”, y su libro de narrativa breve Un Dragón en el Acuario. Ha sido designado como Embajador de la Palabra y la Paz por diversas instituciones (WWPF, Círculo de Escritores Embajadores de la Paz, etc).


PULSACIONES.

 

Perlas nacaradas de sal

corrompen tus encías con sonrisas,

bebiendo el peregrino sudor de mirra,

la flema del ajenjo, ángel desértico.

 

Letras circulando arterias

en el corazón vertiginoso del alma,

cual biblioteca humana transmigrada

bifurcándose por venas y vectores.

 

Manos vacías de tímidas caricias,

brazos exiliándose de abrazos,

vano será cada latido entonces

si esos ojos se hacinan en sus cuencas.

 

Músculos amnésicos de tensiones,

tendones distendidos, holgazanes,

fortaleza erigida en ruina ardiente,

Infierno de la otrora joven Muralla.

 

Destellos implosivos, disonantes,

música del alma amarrando ensueños,

desesperados tulipanes sofocando puentes

y ante el menor desliz truenan Tocata y Fuga.

 

Cartas de amor jamás escritas,

rostros desfibrilando memorias,

cartílagos de pasión deshilachados,

derrotero del olvido perpetuo y marmóreo.

 

Letras, caricias y abrazos,

pasión y sensualidad anquilosadas,

braman las perlas rumbo al averno sensitivo,

pulsaciones aceleran el beso,

in eternun, a tu cuello.-


SUSURROS DE LA NOCHE.

 

El aura de la noche

gime en avalanchas,

serpenteante, candorosa,

transpirando color.

Montada sobre nubes

tus brazos, cual férreas aspas,

emprenden cabalgatas, eternas,

por sobre el éxtasis del amor.

Remolinos de seda,

entrelazados al gozo,

mientras espasmos fragorosos

beben aguardiente del crear.-


SEDUCCIÓN, LABIOS y MAR”.

 

Localicé el ocaso del día

en mí,

creyendo ver tu sonrisa

en la bruma,

evolución del silencio

en frescura,

cual tesis desleal

de mis sentidos.

Perduras, el olvido

aún no erosiona,

te sumerges y emerges

en las aguas,

cristalinas aguas de voluptuoso oleaje,

donde Poseidón no reina,

sólo mi mente.

¿Fue la seducción

mi soledad?

no, creerías que profané

la necedad,

fueron tus labios

con reminiscencia a Mar,

néctar divino que incendió

a mi alma.

Lapso, detente

impertinencia burda,

monólogo destructivo

de mi ser,                                                                    

agitarás el recuerdo

hasta agotar la luz,

al resucitar tus labios

estos versos.

Contemplé el respirar

de la noche en mí,

creyendo ver tus ojos

en la penumbra,

cristalizó el resplandor

de la tiniebla,

ofrenda mortal,

en la Bahía del Adiós.-


MI NIÑO INTERIOR

 

Inconcientes cobijamos un niño travieso, inquieto,

jugueteando clandestino en nuestro corazón,

a veces llorando por siempre nuestros dolores,

a veces riendo libremente en nuestro interior.

De manera tan profunda y pura,

como los adultos no nos atrevemos,

por las apariencias y “el qué dirán”…

magnífica conveniencia de pétrea crisálida.

A veces, escapa por unos instantes a la superficie

y se lanza con bromas desacostumbradas,

algo densas, solo aceptadas por quienes nos aprecian,

y aquellos que no, se nos quedan observando.

Como si fuéramos parte del inframundo…

quizás… quien sabe… en cierto modo…

entender o no entender… sería la cuestión,

¿acaso tiene algo de malo?…

Prefiero pensar que el niño que fui

nunca me abandonará, ni yo a él…

ni cuando llora, pues lo consolaré,

ni cuando ríe.…

Compartiré su risa franca, sincera,

sin maldad, ni traiciones,

de las que germinan en la huella del adulto,

a pesar de no desearlo, ni premeditarlo.

Y si mi niño interior algún día se marcha,

o si se duerme tan profundo

que ya no despertara,

entonces habré comprendido,

sumido en la tristeza

que añora al cometa,

que he envejecido tanto,

que me resulta imposible

el poder reconocerme.-