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Jorge Leal Labrín
Roberto Matta: al año de su muerte, 23 de noviembre del 2002
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Roberto Matta
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Hoy es el aire de Tarquinia; es el nuevo invitado a la mesa de los Etruscos a beber el vino nuevo… Matta es patrimonio de la humanidad.

Desde la distancia que otorga la muerte y con el tiempo, podremos armar los laberintos de su vida y obra. Matta fue cartógrafo de vivencias y emociones, constructor de espacios que son como arquetipos para la poesía. Su legado son chispazos de eternidad.

Al cumplirse sus 91 años, el artista sufrira la metamorfosis más importante de su vida; deja de ser materia orgánica para transformarse en sustancia fluida, como el “Gran Transparente”, idea que abrazaron sus más cercanos compañeros de viaje, Breton y Duchamp. Para muchos Matta fue uno de los más vibrantes artistas del Siglo XX y sigue siendo totalmente vigente en el mundo de hoy. Su historia de casí un siglo de existencia estuvo matizada por aquello que le era conocido y por todo lo que parecía nuevo, desconocido, misterioso. El artista conjugador del verbo “vivir” hoy ha pasado al otro lado; posiblemente estará en algunas de las dimensiones de sus cuadros. Muy joven, comenzó un viaje a través de su propio cuerpo; su torrente sanguíneo son los mares -pueden ser el Pacífico o el Mediterráneo- que fluyeron permanentemente en dirección de otros continentes y tal vez a otros mundos. El profundo saber que Matta tenía de los espacios en los cuales vivimos nos revela que a cada segundo se producen modificaciones -su partida es una de ellas- que podríamos bien llamar “morfologías de lo otorgado”, o sea un “pasaje” largo a realizar en las más íntimas emociones de la vida humana. ¿Saber donde comienza y donde termina todo es la pregunta? Todo indica - y lo hace saber Matta - que llevamos un poeta dentro de nosotros. “Un Poeta de nuestro conocimiento” [1] es también el retrato de Breton de los años 1944-45 -en los momentos más intensos de su relación- y es además su propio autoretrato, un “passe-partout” como señala Alain Jouffroy. Esta parece ser la clave de su existencia…

Su última exposición llamada “Sin título”, más que cerrar el circulo de lo que fue su creación, abre las conjeturas hacia el infinito en Matta. Asi suspicazmente deja abierta la posibilidad de entrar en su obra, en el conocimiento de su pintura. Por lo general el tuvo siempre la preocupación de dar un titulo genérico a su trabajo, como una leve analogía poética, a cada una de sus pinturas. En este caso intencionalmente “Sin titulo” pone al espectador en una disyuntiva inmediata; es a el a quien se dirije el artista, pues le toca comprender o dar una significación aparente a lo que ve y experimenta con estas obras. El arte para Matta estaba hecho para despertar la conciencia del ser, profundizar asi en el propio conocimiento microcósmico de nuestros cuerpos. En esta perspectiva, esta última exposición tiende a plantear la interrogante sobre ¿quién es el poeta? Ahora la pelota está del lado de un espectador universal y éste deberá relacionarse con la pintura de Matta, saber del Surrealismo, de la llamada abstracción lírica, de los simbolismos subyacentes que presentan tanto sus paísajes cósmicos como la totalidad de sus pinturas marcadas de un cierto delirio y romanticismo, como vemos en su pintura de 1984 “Los placeres de la presencia”. Cuestión que también mantiene la vigencia de la pintura, de las técnicas automáticas, de lo abstracto lírico.

Están presentes en Matta lo geodésico, lo geofísico, lo geopoético, entre otras cosas, todo para implementar su propuesta de la “Morfología Sicológica” (1938). Su llegada cambiará sustancialmente el accionar y el contenido del arte del siglo XX. Emergerán nuevos territorios síquicos jamás vistos…

El “pasaje” de Matta es fortuito y azaroso como lo es “El pasaje de la virgen a la casada” de Marcel Duchamp, una obra referencial en el marco mental de Matta -de quien dice por lo demás ser un fetichista de su obra, adquiriendo todo lo que el producía-. Llega a la escena del arte mundial como “El nadador a ciegas” de Max Ernst, cargado de agatas y vahos de colores. Se instala para ser estimulador y conductor; se hace “Vitreur”. Su sexto sentido lo lleva a presentir las cosas y anunciarlas antes que los acontecimientos mismos, como es el caso de su estadía en Norte América (desde el 39 al 48). A propósito de la retrospectiva de su obra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1957, William Rubin (su organizador) señala: “El mundo de Matta es un estremecimiento cósmico”. No fue menos que eso el impacto que causó en la pintura Americana y, para el arte en general, fue como el lanzamiento de una bola de nieve…

Después de su fallecimiento, mucho se ha escrito sobre el artista y su obra, buscando reparar de alguna manera la indiferencia que la histografia nacional mantuvo por años en torno al tema de Matta. Es cuestión de ver en las numerosas publicaciones sobre pintura chilena: ¿distancia o poca curiosidad frente a los logros mundiales del artista?. La razón que dan algunos es que el sería un ausente en la pintura chilena, -físicamente- cierto, lo que no justifica absolutamente nada, pues la historia universal está repleta de “Ausentes”, de peregrinos por decirlo a la manera de Matta. Sólo para citar algunos nombres que vienen a la memoria: Kandinsky, Picasso, Max Ernst, Dali, Chagall, W. Paalen etc., y eso se repite a lo largo de toda la historia del arte. El hecho fue que durante muchos años, casi nada se escribió y poco se documentó en relación a su obra, mientras el artista estremecía los paisajes representativos del arte mundial y creaba algo diferente, “espacios de acontecimientos”, para la vida. La critica nacional debe atrapar el tiempo perdido frente a Matta; de lo contrario será muy dificil poder acertar con inteligencia y profundidad a los diversos temas planteados por Matta que constituyen su legado. Aun se escucha de pronto decir en gente que sabe de arte o sus mismos pares la frase cliche: “es que Matta hace esas cosas raras dificiles de entender”. Ojalá fuera el sentido de rareza dado por Baudelaire, quien describe, con fervor poético, la rareza como un estado de belleza superior.

Las ideas planteadas sobre Matta son en muchos casos desafortunadas y es asi que se insiste en ocasiones en la identidad chilena o no de este pintor surrealista, cuestión que también algunos ponen en duda. Algunos críticos hablan de “La relación de amor y odio de Matta con Chile”. Una vez más y como siempre Matta juega al “Trompeur”, buscando engañar, desubicar al espectador y a sus críticos respecto a su propia pintura e identidad. De ahí que es muy dificil que los historiadores puedan asechar adecuadamente a este surrealista, en su itinerario histórico. 

El 20 de noviembre de 2002, tres días antes de la partida de Matta, su amigo y poeta Alain Jouffroy [2] lo visitó. El es uno de los surrealistas más cercanos al pintor -y clave para penetrar en su complejo universo-; varias son sus entrevistas y publicaciones sobre el artista y amigo. Jouffroy dirá que Matta “Era un poeta” y agrega: “el había conservado toda su lucidez y humor: me hizo reír hasta las lágrimas”.

El amaba la repetición de cifras, es conocido, desde su fecha de nacimiento 11-11-11, los arcanos, cualquier función que ellas puedan tener en el destino de los hombres y que han sido claves para muchas civilizaciones. Su surrealismo irreverente seguirá jugando ilusoriamente en el tiempo, desde esas operaciones numéricas que dan un doble sentido -el de realidad e irrealidad - a su existencia… En esa misma dinámica de juego y confusión, pone a los críticos inexpertos boca abajo, aquellos que en una dialéctica inoperante, malentienden la relación que Matta mantuvo con Chile. Para mi Matta representa un adultero - de alguna manera -. O sea cuando él parte a Europa deja una relación de “amor estable” que es Chile, por un acercamiento con algo nuevo que lo seduce, que será como el encuentro con su primer amor, el “Surrealismo”, palabra que se construye con 11 letras - reiterándose su cifra clave - y es pura libertad de la imaginación. París será la capital, el escenario cómplice que enreda a Matta en ese tremendo torbellino de locuras, entregas y placeres múltiples, cosa que experimentará creativamente con el Surrealismo. “ La tierra es un hombre ”, obra realizada en 1942, es también una clave importante en Matta. Es un momento de madurez, de lecturas -entre ellas Novalis quien le ayuda a entender la totalidad de una naturaleza cosmica-. Al partir de Chile con su aprendizaje de arquitecto, y su interés marcado por lo utópico y renacentista, el hombre y la ciudad ideal, quizás no pensó nunca en el destino que le esperaba… Había dejado Chile según sus palabras, pues “Alla no estaba la verdadera vida” y es comprensible. Con el Surrealismo más tarde apreciará el significado de la existencia, aquel que daba Breton: “Vivir es un asunto sublime”.

Siempre marcado por los temas surrealistas, aquellos que generaban siempre intensas conversaciones en las citas de café, en el “Deux Magots” o en el Chateau de Chemillie, como en cualquiera de las muchas exposiciones realizadas por el grupo, en las cuales había un momento para todo, las cosas serias, o aquellas que tradicionalmente no lo son, el humor, el azar, o el juego… que eran una constante que transgredía lo habitual. La disposición de Matta frente al grupo, cuentan sus amigos, fue en todo momento aguda e inteligente. El llegaba a las cosas de manera fortuita, por instinto y curiosidad. Por lo demás era lo que le gustaba a Breton, esa tremenda curiosidad de Matta. Algunos de sus amigos relatan lo eufórico que solía ser con su risa nerviosa e inquietante; como dirá Julien Levy -marchand y galerista con quien Matta realizó su primera exposición (1940) en NuevaYork-, “El era un niño perpetuo, activamente frenético”; dice que nunca lo vio descansar… En la dinámica permanente del grupo, las ideas para los surrealistas encerraban un peligroso misterio; ellas eran lanzadas constantemente en caída libre. Por supuesto es un principio distinto de aquello que se acostumbra en el ambito intelectual, de las normas convencionales. Es aquello que el aprende del surrealismo, la intensidad poética entre los juegos colectivos, las interrogaciones, junto a las lecturas de Breton de textos de poetas románticos alemanes o simbolistas franceses, que como cuenta Gordon Onslow Ford, eran parte de las reuniones. Pero las inquietudes de Matta eran diversas; junto con el descubrimiento de Lautreamont, esencial en su vida como lo señala muchas veces, también había en el, como dice su amigo Gordon, el gusto por la observación microscópica de las flores y los caparazones de los caracoles; se puede concluir que había en el un interés botánico, traducido en sus pinturas, en las formas, el color y la poesía. Curiosidades compartidas con otros amigos como Max Ernst. Lejos de la simple y pura diversión con que se quiere relacionar la actividad del grupo surrealista y Matta, está el relato que grafica el entonces joven poeta Charles Duits para quien Matta ilustra un texto para el almanaque VVV , llamado “Le jour est un attentat” que será el titulo también de una de sus obras; la colaboración fue muy estrecha y dió titulos comunes para la poesia y la pintura. Duits comenta que Matta poseía un encanto casi magnético, viviendo el instante… y frente a Breton, para quien vivir era algo sublime, lo que implicaba por parte de el asimilar la totalidad del conocimiento… el dolor, la angustia, lo placentero y mágico, Matta era la otra parte que justamente conmovía y gustaba a Breton, lo sorpresivo. Duits dice: “al el le gustaba vivir; para el era divertido y curioso, apasionante -extraño, pero extraño como le parece el sabor del mango al paladar occidental”. Duits, cuenta un hecho que lo conmovió, estando en casa de uno de los surrealistas del grupo, en presencia entre otros de Breton: “Sonó el timbre. Yo vi entrar en la habitación un pequeño sombrero; bajo este pequeño sombrero, puntiagudo, una pequeña nariz; bajo esta pequeña nariz, estalló una risa, en parte escondida por un abracadabrante pañuelo rojo.Breton disimuló una sonrisa, una sonrisa distraida y a la vez intrigada, como si no hubiera creído totalmente lo que veía… La llegada de Matta fue - yo creo -para Breton y para mi, un alivio. Por fin podíamos ocuparnos de… La Manzana. ¿La Manzana? Breton tomó su aire más preocupado. “¡Empieza de nuevo!, masculló, mientras llenaba su pipa. Matta triunfaba. La manzana era la llave de todos los enigmas, la cifra de la revelación, el arcano mayor y, además, comestible del tarot universal, la “fruta” saliendo del abismo, a la cual se referían los gnósticos. Breton, un poco intimidado por este preambulo, buscó sus ideas. Había la manzana de la Biblia. ¡La manzana de la Biblia! Matta saltaba de alegría. Y la manzana de la discordia, causa de la guerra de Troya, y la manzana de Guillermo Tell, y la manzana de Newton, y la manzana de Cézanne. Hasta había “Mi manzana” de Maurice Chevalier. Al cortar una manzana en dos, ¿qué descubríamos? “The Apple we know” (la manzana que conocemos), una representación del sexo femenino. Estaba demasiado conmovido, demasiado atolondrado por la novedad de estos minutos, para seguir los vertiginosos razonamientos que Matta empezó a desarrollar. La historia, la leyenda, la ciencia, la religión, la sociología, todas las actividades humanas fueron puestas a contribución. Las objeciones que aventuraba Breton se transformaron en pruebas -no se sabía exactamente de qué- pero eso no tenía ninguna importancia. Matta seguía, seguía y la Manzana crecía. Se dilataba a las dimensiones del universo, mientras el universo se concentraba en este objeto que uno podía tomar en la mano, pesar y finalmente comer. Era obviamente lo que Breton amaba y temía en Matta, esta potencia simplificadora, esta energía metafórica en la cual reconocía el principio de la poesía. 

Para Matta, la infancia es el impulso inicial de aquello que generó en el un imaginario único, auténtico, habil, locuaz, lúdico, y perturbador. Su genio fue estar en el momento indicado, preciso, de los acontecimientos, hacerse transparente, y ser premonitorio. Quizás ahora este graficando con colores el cielo, pigmentándolo de constelaciones, manchando e inventando nuevos espacios siderales de una poesía universal.

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Notas
1 Titulo de un cuadro de Matta. 
2 Alain Jouffroy, poeta y crítico surrealista, al igual que con Matta, mantuvo una cercanía hasta los últimos días con André Breton. La última foto que se registró de éste fue tomada el 15 de Agosto de 1966 (Breton murió el 28 de Septiembre), día en que Jouffroy lo fue a buscar para ir a la casa del pintor Bernard Dufour.
 
Jorge Leal Labrin (Chile, 1953). Profesor de Historia del Arte de la Universidad Andres Bello. Las citaciones fueron tomadas del catálogo de la exposición de Matta en el Centro Georges Pompidou de París, 1985. Contato: leallabrin@hotmail.com.
 
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