EL PADRE DE LA LITERATURA BRASILEÑA

RODOLFO ALONSO
El padre de la literatura brasileña

En su certificado de defunción, ocurrida en 1908, puede leerse lo que sigue: ”edad sesenta y nueve años, viudo, natural de esta capital, funcionario público, color blanco” (el subrayado es nuestro). Pero, en realidad, Joaquim Maria Machado de Assis, nacido en Río de Janeiro durante 1839, sin duda el fundador de la literatura brasileña moderna, que llegó a ser funcionario imperial y escritor consagrado, tuvo como padre a un mulato a su vez hijo de liberto, que se ganaba dignamente la vida como pintor, mientras que su madre era una negra de las Islas Azores, llegada al Brasil en 1836. El paso que este carioca da desde su nacimiento en el humildísimo Morro do Livramento hasta el centro mismo de la entonces capital de su país, no es por consiguiente apenas un desplazamiento geográfico sino un cambio completo en el curso de su existencia, a cuyo giro absoluto pone precisamente de manifiesto –incluso con ese significativo y revelador ocultamiento– la necrológica citada al comienzo.
Ante una vida y una obra semejantes, y teniendo en cuenta el contexto en que ambas se concretaron, no sabemos con certeza de qué asombrarnos más, si del genio literario o de la aventura personal, aunque uno y otra están indudablemente entrelazados. El desconocimiento suicida que existía, por desdicha (y que recién comienza a levantarse en los últimos tiempos, merced a cambios del rumbo social y político tan alentadores), entre las hasta no hace mucho todavía balcanizadas naciones de nuestra América Latina, no era más que un pálido reflejo comparado con el malentendido mucho mayor que suele producirse cuando se contempla cada una de esas culturas hermanas, individualizadas o en conjunto, desde los grandes centros urbanos del (todavía) denominado Primer Mundo. Sólo así puede visualizarse que una figura como la de Machado de Assis, gran escritor cuyos días transcurrieron como vimos casi prácticamente en el siglo XIX, sea tan poco conocido en Estados Unidos y en Europa casi como en los demás países latinoamericanos.
Y para calibrar, como dijimos, el contexto en que esta vida y esta obra se concretan, debemos tener muy en cuenta que en el mayor de nuestros vecinos, el entrañable Brasil, recién hacia mediados del mencionado siglo XIX se concreta la abolición del infame tráfico de negros, que en 1871 se promulga allí la ley de libertad de vientres (que nuestra benemérita Asamblea General Constituyente había instituido entre nosotros ya en 1813), y que recién en 1888 queda felizmente derogada en el país hermano la abominable práctica de la esclavitud. Cuando uno percibe al leer, entonces, en no pocas de las páginas de Machado de Assis, casi sin detectar disonancia alguna, la ecuanimidad aparente con que la escandalosa condición de los esclavos aparece en escena con absoluta normalidad, como si su inhumana situación fuera apenas un dato más de una realidad corriente y cotidiana, no resulta difícil imaginarse la dolorosa tensión espiritual (y moral) que debía esconderse, para el autor, debajo de la fríamente contenida objetividad con que ello suele manifestarse.
No es difícil imaginar tampoco, al mismo tiempo –por lo menos a mi modesto entender– la honda tensión humana y en consecuencia expresiva que se intuye detrás de la ironía, el distanciamiento, la desacralización y el apenas rozado pero sanamente contagioso humor negro que constituyen, sin duda alguna, los valiosísimos aportes –a la vez sugerentes y novedosos– que el arte narrativo del justamente memorable autor de Dom Casmurro, Quincas Borba y Memórias Póstumas de Brás Cubas, entre otros títulos indelebles, vino a traer a la por entonces en buena medida todavía aletargada y somnolienta literatura brasileña de su juventud, despertándola para un rico y más que fecundo porvenir. Y que la bienvenida edición de El alienista (1), una obra maestra del más eficaz y delicado sarcasmo, publicada originalmente en 1882 y que logra ser al mismo tiempo tan cabalmente local y tan universal, viene a poner por suerte al alcance de los lectores de nuestra lengua.
Así sea.


(1) El alienista, de Joaquim Maria Machado de Assis, traducción y notas de Rodolfo Alonso, Leviatán, Buenos Aires, 2010.


Rodolfo Alonso . Poeta, traductor y ensayista argentino. Voz reconocida de la poesía iberoamericana. El más joven de la revista “poesía buenos aires”. Publicó más de 25 libros. Primer traductor de Fernando Pessoa y sus heterónimos. Editado en muchos países de América Latina, Bélgica España, Francia, Italia, Inglaterra, Galicia. Premiado en Argentina, España, Venezuela, Brasil. Colombia. Vasta obra como traductor del francés, italiano, portugués, gallego. Libros más recientes: Poemas pendientes (Universidad Veracruzana, Xalapa, 2011); Entre dientes (Pequeño Dios, Santiago de Chile, 2011); Defensa de la Poesía (Alción, Córdoba, 2012); Lengua viva, poesía reunida 1968-1993 (Eduvim, Córdoba, 2014); The art of keeping quiet (Salt, Cromer, 2014); Defensa de la Poesía (Universidad Veracruzana, 2014); Entre dientes (Alción, 2014); Cheiro de choiva (Barbantesa, Cangas, 2015); Dernière tango à Rosario (Al Amar, París, 2015); A flor de labios (Alción, 2015); L´art de se taire (Reflet de Lettres, París, 2015); Poemas pendentes (Penalux, Cataringuetá, São Paulo, 2016); Entre les dents (Po&psy/Érès, Toulouse, 2016); Tango do galego fillo (Barbantesa, Cangas, 2016); El uso de la palabra, poesía reunida 1956-1983 (Eduvim, 2017); Arte de ver (Alción, 2017).