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Eviterno
Imperceptible, hoy cubierto está de arena.
Vuelve a la tierra la mirada y contempla:
dunas y dunas arenales fueron el Principio;
dunas, mi amigo, por los siglos extendidas
sin duración y sin cadencia.
Edades invisibles para el ojo que levanta
cementerios en la Patria yerma.
Naciones erigidas sobre osarios cráneos y reliquias
sepultos bajo el asfalto silenciados:
Allí donde descanse la suela su figura de Progreso,
entenderán las civilizaciones que todo Origen es roca:
y de roca los santuarios,
y de roca los gobiernos;
roca, pues, el lecho en el que fuimos engendrados:
roca, entonces, sobre roca Roca!
Y en cada grano que sostiene los pilares nuestros de la Historia,
conmovido el pensamiento advertirá el
nacimiento de las ciudades y su
esplendor cincelado en la memoria.
El Árbol de la envidia
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Y de aquella fábula tan arcaica, tan sólo el recuerdo.
No obstante su certeza
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En los Comienzos ésta una historia que principia en el
día de una noche y se consume con la noche del siguiente.
Ni siquiera el Tiempo ni su imagen encorvada. Ni siquiera
el Fuego ni la Tierra. Tampoco las promesas del Sosiego
en su secreta Alianza con los mares.
No la luz no la vida no el Pensamiento;
sino el Árbol.
Devolviéronse a escombros lo que alguna vez
permitimos Conocimiento.
Eso es lo que hicieron todos en aquellos días.
Fue en el Principio plantada la semilla. Solamente
para que las Formas se cobijen con su
anatomía; salvos de sí mismos.
Diestra y Siniestra arropados entre las frondas de los
maderos bajo el sombrero de sus mantos oliváceos.
Mas el Árbol, ah el Árbol, pilastra incólume,
fue motivo de tan anciana gresca.
Sucedió despertando zurdo el apetito. Levantáronse
irascibles y violentos ante el nacimiento
de la Envidia:
.......................Cisma, acaso, en lo que antes Armonía?
.......................Cisma ahora lo que antes Equilibrio!
Fueron luego las Formas ventiscas enfrentadas. Atacaron
unas resoplando hacia derecha. Respondieron
otras proclamando insurgencia.
Ráfaga en guerra en contra de la ráfaga: por el
norte el grito protector; desde el sur: el corno y la traición.
Viento que se inicia por detrás: Huracán; viento que defiende: Resistencia!
Mas el Árbol, ah el Árbol, pilastra cólume,
fue testigo en tan sangrienta gesta.
Finalizada la batalla, y con tan sólo una en
agonía, en el tronco su codicia petrificó.
He ahí el origen nuestro de la vida:
prisión en contra del Espíritu, duración por tal de la Materia!
Otoño
Pero cómo, cómo pudo desaparecer el hombre
en medio de tanta abundancia!
No se detendrá por ello el tiempo ni mucho menos.
Caerán las secoyas y su postura eterna
de encomio entre las vastedades de
las sabanas; mas su sombra fusilada en el poniente.
No habrá siquiera un alto en sus
torrentes ni alisará tampoco
la mirada en el cadáver que
obstaculiza el galante flujo de los mares.
Retornará sí a sus oficios esculpiendo
rizos en las costas con el sudor bermejo
de un obrero que martillea infatigable.
Continuará la marcha, aunque por ello
tenga que disgregarse el último arado
y la escarcha en la palabra.
No advertirá hoy en el orín de los fusiles ni
en el resplandor de las medallas por las
que se ufanaban tanto en el ajedrez por la mañana.
Ahora, solamente con la llegada del Otoño
resurgirá la luz sobre el planeta:
Su semblante de transición.
II
El juicio
Para cuando el orto haya acorralado la ventisca
contra el forraje y la temperatura acaricie los
abismos de la flama:
Despertará la Huraña y la Justicia para acusarnos podredumbre.
Y en donde florecieran arboladas de cigarras,
aquellos ejércitos que abonaron los campos
con estiércol y su insignificancia volcada
al apetito...
Y allí en donde las salinas de los mares
descubrieran el brote primero de la vida:
Levantará la diestra sólo para reclamarnos mansedumbre.
Entonces, sólo entonces, derramarán su sangre
los profetas, porque tiempo y espacio habrán colapsado.
Y en el instante aquél en que Cielo y Tierra pierdan sus
divisiones y en los océanos hegemonía:
Ejercerá la Huraña embestidura y el sentenciado servidumbre.
NO ES SIMPLEMENTE UN ACTO DE RUTINA el ladear
la testa para el beso.
No lo es ni tampoco el cerrar los ojos
ante el miedo y la mortaja.
Porque somos diferentes, así como el futuro
tiene la forma de un pomelo que se extravía en
las esquinas cuando el paso aligeramos.
Puesto que no necesitamos demasiado. Únicamente
el fuego no la vida; ni siquiera
el alabastro en el tejado.
No repetiremos el hablar cansino del anciano, pues
no somos la piedra que se
funde eterna en el zapato.
Yo me declaro indigente, y no me hace
falta el cuerpo ni la muerte.
Me pertenezco hasta el hartazgo.
Y sin embargo, continúa la lluvia cayendo
Hoy día está lloviendo
y no hay nadie en las calles
porque está lloviendo.
En las esquinas no se ven prostitutas
Ni automóviles en movimiento.
Las avenidas están vacías y
en los burdeles ya nadie se cobija.
Todo el mundo ha desaparecido!
[porque está lloviendo].
En las clínicas los infectos
sienten frío. Sólo algunos caen gimiendo...
No en los nosocomios duermen los enfermos
ni tampoco cenan hoy contentos.
En los cementerios las bóvedas se abren y
la tierra se levanta.
Sobre el mundo entero hoy sigue lloviendo!
Y está lloviendo porque el silencio
vólcose en pavor, y cómplice la
angustia se masturba con nuestro dolor.
En las calles la sangre cae y son
los inocentes sacrificados en numerosas caravanas.
La humanidad entera está colapsando!
Y soberbia Ella merodea en
la noche del Juicio de los Muertos...
Y continúa la sangre cayendo...
...cero!
El ahora ocaso progresivo: simétricamente
ácima, así es la vida.
Ásperos los contornos en la flama y carnívoros
los colmillos de la edad:
en el hombre el gorjeo del tiempo es una giba
fácil de roer.
Tente en pie y resiste condolido!
No es vientre no de sangre ni el seno
el origen nuestro del Origen,
sino el conteo sólo de la muerte.
La mariposa de la muerte
Bajos los bosques y su esplendor en las malezas,
flota el cuerpo de la noche. Vuela alto
aleteando invertebrado el nombre.
Es la mariposa, mariposa de la muerte:
Perfecta! mascota predilecta quien
silenciosa sobrelleva el perfume y los aceites.
Muy pequeña es la asesina, arrogante, poderosa.
Está escrito es sus siete alas el destino nuestro de la historia.
Lleva excelsa en sus colmillos la fortaleza de la noche.
Son sus fauces quienes perfuman el color
de los mensajes que provocan sus paseos.
Y presurosa, sigilosa se aproxima.
Tienen sus seis ojos miradas brujas, de hechicera,
para luego darnos muerte
infantil y traicionera.
Mas ahora está muy cerca,
y nos llegan como brotes los recuerdos y añoranzas.
Muy sedientos buscan sangre sus colmillos
y sus alas muy hambrientas nuestra carne.
Insaciable, ya de sangre regocija el apetito;
muy morbosa y juguetona se apodera del espíritu.
Austera, jocosa y obediente
es ella quien revolotea en nuestra mente.
Esta historia es la Historia repetida noche y día. Hoy los
años acentuaron la experiencia del oficio con sabiduría
gracias a una errabunda vida por los aires...
Bella leal y poderosa
mariposa de la muerte.
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